Carta al hada de los juguetes 2


Una situación real y funcional de escritura en un aula mixta de 3 y 4 años con diferentes niveles de competencia lingüística.

Cuando llega el momento de la relajación en nuestro aula utilizamos unos “polvitos mágicos perfumados”, (que no es otra cosa que colonia infantil), y que espolvoreamos sobre las cabezas de nuestros peques (cuyos ojos deben estar cerrados como primera condición para que los polvitos funcionen) envolviéndonos en un perfume mágico que nos ayuda a descansar plácidamente mientras suena una música especial.

No sabemos si es por su uso o porque la colonia se va evaporando, pero hace unos días descubrimos que ya no nos quedaban polvitos mágicos y los niños decidieron que había que pedirle al “Hada de los juguetes” (el hada que se encarga de recordarnos que debemos recoger todos los juguetes del arenero del patio cuando terminamos de jugar, porque si no lo hacemos, ella se los lleva y no nos los devuelve otra vez) que nos trajera más polvitos. Para ello propusieron la escritura de una carta, cuyo uso como texto social es tan habitual para nosotros que la utilizamos cada vez que necesitamos pedir algo a nuestras familias.

Montserrat Fons en su libro “Leer y escribir para vivir” nos recuerda que es increíble no sólo la cantidad de contenidos que se vehiculan por medio de este tipo de situaciones, sino también el interés y entusiasmo con que los niños y niñas responden ante la propuesta de participar en este tipo de escritos, y que el hecho de que el destinatario sea cercano y que lo escrito tenga una función comunicativa real, les permite comprobar directamente los efectos de su trabajo y recibir (o no) las gratificaciones correspondientes.

Como una de las tareas del responsable del día es la  producción de los mensajes escritos que sean necesarios, ese día le tocó escribir la carta a un niño de 3 años que se encuentra en una etapa indiferencia en el desarrollo de la escritura. A medida que realizaba su texto iba diciendo en voz alta lo que estaba escribiendo bajo la mirada atenta del resto de sus compañeros de 3 y 4 años.

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Aunque esta producción posee la linealidad propia de nuestro sistema de escritura convencional (sobre todo si colocamos el papel tal y como se muestra en la fotografía), fue interesante observar cómo el niño iba escribiendo su mensaje en vertical, empezando desde la columna de la derecha hacia la izquierda, y de arriba hacia abajo (como en la imagen):

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A pesar de que los niños de 4 años sentían la necesidad de manifestar en voz alta su pensamiento y opinión acerca de la falta de “corrección” del escrito, por respeto al que escribía prefirieron no decir nada en un primer momento.

El mensaje del hada apareció al día siguiente junto con la carta inicial y el bote de polvitos mágicos aún vacío, situación que se pudo aprovechar al máximo para comprobar la actitud positiva del alumnado ante un nuevo texto escrito del que se hicieron diferentes hipótesis de lectura, llegando a la conclusión de que el hada no nos había traído los polvitos porque el mensaje escrito no era correcto y ella no sabía lo que queríamos.

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En este momento surgieron algunos pequeños reproches, especialmente por parte del alumnado que manifestó en voz alta el pensamiento del día anterior, y… “es que en esta carta no hay letras, por eso el hada no sabía lo que ponía. Para escribir hay que utilizar las letras; si los pequeños no saben cómo hacerlas ni cuáles poner, los de 4 años se las decimos o las escribimos y que ellos las copien”, fue la opinión de un niño de 4 años que dio pie a la escritura de la segunda carta al hada.

Una pareja de niños de 4 años se puso manos a la obra, pensando y ayudándose uno a otro, reflexionando y releyendo lo escrito con un poco de ayuda, tomando como modelos el abecedario o las palabras escritas en el bote de los polvitos mágicos cuando hubo que escribir dichas palabras, escuchando la opinión de sus compañeros en relación al contenido de la carta… siendo este el resultado:

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Las fórmulas de cortesía y los “besos de mamá” (pintándonos los labios) vinieron al final, porque no hay nada como ser cariñoso, agradecido y educado cuando estamos pidiendo algo.

El próximo día de clase encontrarán lleno el bote de polvitos mágicos y comprobaremos una vez más cómo es necesario el uso del código convencional de escritura como algo útil y funcional, y cómo desde la escuela debemos propiciar y aprovechar cualquier situación real y cotidiana para introducir en el aula los textos de uso social.

Ana Belén Cerezo Cantero


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